Tuesday, September 10, 2013

Diada de Catalunya.

Mañana será un día muy especial para más de siete millones y medio de catalanes. Es igual si se es independentista o no, mañana será un día histórico (otro más después de la Diada del año pasado) y que probablemente nuestros descendientes, antes o después, tendrán que estudiar en la asignatura de Historia, de Catalunya o de España.

En poco menos de un mes cumpliré tres años viviendo en Lleida, Catalunya. Cuando me preguntan dónde vivo digo que en Lleida, que no Lérida. No entiendo que tengamos que obligar a alguien a llamarse como no quiere, menos cuando reconocemos una lengua como oficial. Y cuando me preguntan de donde soy digo que de Madrid, a secas. Y es que no, no soy español, ni europeo ni andanzas similares. Porque cada uno es de donde se siente y no se puede cambiar la voluntad de nadie. Yo me siento catalán en buena parte (entre otras muchas identidades que tengo) y como tal, me gustaría reflexionar sobre este movimiento que ha surgido de un tiempo a esta parte y que ha ido creciendo con el paso del tiempo.

Ya dejé claro el por qué es obvio que se debe realizar un referéndum en Catalunya como futuro Estado independiente, por lo que iré un poco más lejos, aprovechando la mencionada parte catalana que tengo. A un día del aniversario de aquella manifestación que reunió entre un millón y medio y dos millones de personas, no puedo dejar de emocionarme. Sólo había visto tanta alegría en una manifestación en aquellas que hacíamos en Lleida la gente del 15M, las caras de ilusión que vi, los niños llevados por sus padres (lo cual es muy sano, hay que educar en la manifestación a los pequeños), la música...
Algo estaba cambiando, un sentimiento común arraigó aquella tarde, y todos los que allí estábamos presentes lo podíamos notar. Esa sensación de un pueblo unido que no puedo más que envidiar y desear para los míos. La gallina de piel, tú.

Los catalanes están, estamos mejor dicho, hechos de otra pasta. Gente emprendedora, solidaria por mucho que se venda esa imagen de la pela es la pela, un poco serios para qué negarlo, con un instinto de superación admirable, pero sobre todo acogedora, muy acogedora. Y así es como han logrado que tanto yo, como otros muchos llevemos allí tanto tiempo, y en mi caso que planee establecerme. No niego que otros muchos pueblos sean tanto o más acogedores, pero hoy no toca hablar de ellos. Otro día lo hago, prometido.

Y siendo así como somos, no se pueden entender ciertas cosas que pasan en este Estado. No se puede entender la manía de inmiscuirse en una educación que siempre ha funcionado y que no ha negado a nadie el derecho de aprender castellano, la mentira sistematizada en todos los medios y en el gobierno, no se entiende la manía de españolizar costumbres, tampoco el continuo atraso al que se quiere someter a todo el que pertenezca a España, los peajes, la falta de sensibilidad hacia un pueblo que ha sido muy duramente castigado por el hecho de tener una lengua propia, de ser lo que son y siempre serán, catalanes.

Me gustaría que no fuera así y que no pudieran argumentar tan sólidamente el por qué Catalunya estaría mejor fuera de España. Que no se forzase una situación de separación de una manera tan clara. Me encantaría que pudiéramos cambiar el paradigma actual todos juntos, pero de momento no es posible, y por tanto, puedo comprender perfectamente que muchos catalanes digan prou.

Cataluña es y será, lo que quieran los catalanes y punto. La fuerza nunca pudo contra la voluntad de un pueblo unido y si este movimiento sigue ganando fuerza terminará por ser imparable (si es que no lo es ya).

Y yo, que me siento muy madrileño a la vez que muy catalán no tendré ningún problema en vivir en una Catalunya independiente. Aceptaría de buen grado, en caso de que pudiera, otra nacionalidad y toda aquella trama burocrática que bajo ningún concepto marcará de dónde soy. Porque qué difícil es despegarse de las sardanas, castellers, calçots, Serrat, Llach, Barcelona, los pirineos, Gaudí, Dalí, Eduardo Mendoza, Zafón. Y sobre todo, y lo más importante, de su gente.

Así que mañana es un día especialmente bonito para mí, porque se reivindica esa parte que tan a gusto vive en l'oest de Catalunya y que desea ser reconocida.

Por lo que sea como sea: Visca Catalunya lliure!





Saturday, August 3, 2013

Mi visión sobre el accidente de tren Madrid-Santiago.


Me apetecía escribir, no sabía de qué pero me apetecía. Y poniéndome a pensar sobre qué puedo escribir no para de venirme a la cabeza el asunto del tren Madrid-Santiago. El maldito accidente que se ha llevado la vida de 79 personas.

Hace poco leí un artículo de uno de estos panfletos que tenemos por prensa seria. Si no me equivoco era de El Mundo. Un artículo de opinión muy bien escrito que no pretendía si no reducir este tipo de accidentes a un hecho lamentable, pero inevitable de estos que tienen la vida y que debemos asumir. Aprovechaba además –cómo no– para hacer su propaganda en la que atizaba a los sindicatos por culpabilizar al gobierno siempre de estos accidentes y de que siempre andan pidiendo más medios para evitar este tipo de tragedias.

¡Qué valentía hay en este país! ¡Qué falta de empatía! ¡Qué dolor de país!
Veo un problema social muy importante y es que somos gilipollas. Así, con todas las letras, gilipollas. Somos muy simples, de un simpleza que asusta y preocupa hasta el punto de quitar el sueño si uno se para a pensarlo detenidamente.

Durante estos días vengo denunciando (a los 3 que me leen, no soy un gran altavoz la verdad) el lapidamiento público que los mercenarios con ordenadores están haciendo del maquinista que conducía el tren. En este país tenemos la costumbre de saltarnos la justicia y culpabilizar automáticamente a una persona. Se realiza un juicio paralelo al legal en el que directamente sentenciamos. Y no se puede hacer eso, en una tragedia como la acontecida hay un sinfín de variables a tener en cuenta y muchos responsables.

Es cierto que el maquinista conscientemente tenía el tren a ciento y pico km/h. Bien. ¿Y si le hubiera dado un infarto y activado la palanca que hace correr al tren qué?
¿Lo metemos en la cárcel –si lo recuperamos– por sufrir un infarto?
Estamos en lo que antes o después se conocerá como la tercera revolución industrial (malditas ellas). En la revolución de la tecnología. Y por suerte hay mecanismos que bloquean la velocidad del tren en caso de que este sobrepase el límite de velocidad. En el susodicho tren no iban instalados y ahora parece que fomento los ha puesto.

¡CON DOS COJONES! Hay mucha tela que cortar. Por un lado está el fascistilla que aprovecha una tragedia para hacer política y desacreditar los sindicatos (pa’ chasco), luego están los gobiernos que, como ya pasara en el accidente de metro de Valencia, pasan de equipar los transportes públicos con la tecnología apropiada para evitar tragedias en caso de que ocurra alguna desgracia. Es mejor usar ese dinero en ERE’s, Palaus y sobres varios. Lo malo es que no nos demos cuenta del linchamiento público que se está haciendo al maquinista dejando de lado las muchas responsabilidades que tienen aquí los gobiernos anteriores y el presente, por supuesto. ¡¡Y nadie pide cárcel para todos éstos!!

¡¡Han muerto 79 personas!! Los voceros haciendo política, el presidente sacando un mensaje de otra tragedia –¿para qué pagan al que hace las notas? Yo también se hacer un ‘copy paste’– ¿Dónde queda la conciencia de estos salvajes? Ya interesa que el único culpable sea el maquinista, un fallo humano, así la impecable imagen de los trenes españoles no se pierde y podemos seguir vendiendo y haciendo dinero. Nuestras vidas tienen precio.

Pero sobre todo, sobre todo, lo que más me molesta de todo esto, ¿cómo es posible que haya una sola persona que esté dispuesta a dar su voto a estos elementos manchando así por defecto sus manos de sangre?
Pues es así. Y dormiremos tranquilos. Somos nuestros propios enemigos y lo peor el de las personas que nos rodean.

Tuesday, March 5, 2013

Hasta Siempre Comandante

Hoy Comandante nos dejas y el cielo lóbrego de esta ciudad llora tu marcha, a él me sumo. Chávez Chávez, Chávez, camarada, y digo bien, camarada.
Llenaste de orgullo a tus compatriotas pero no de eso se alimenta la gente, ni se la alfabetiza, no señor. Se necesita algo más que eso para hacerlo.

Tienes demasiados detractores en este mundo contaminado por la avaricia y la sed de venganza. Demasiado miserable descompuesto de gozo al lanzar titulares en los que te compara con Hitler y con Franco. Pero sin embargo, paréceme que en la frontera de los distintos bandos se puede apreciar una tácita luz que alumbra la realidad de tus actos. El pueblo venezolano seguirá la revolución que empezó hace ya una década.

Pero hoy no quisiera hablar de datos, que te encumbran. Son maleables. Demasiado. Hoy me centraré en las personas, en los millones que te votaron con la felicitación de la oposición, de la tristeza que dejas, del apoyo que te demuestran. Digan lo que digan un pueblo que ya no pasa hambre y que hoy es un poco más sabio que ayer, está contigo y así pasarás a la historia en tu tierra, en nuestra querida Latinoamérica. Serás un héroe por plantar cara a EEUU, y su sistema capitalista, imperialista que siembra muertos allá por donde pasa.

Me despido de ti, Comandante, y aunque duele tu pérdida, no se me escapa que esto sigue, que la vida avanza y que todos somos prescindibles en esta lucha diaria que llevamos en alas de libertad y la dignidad humana. Los ideales nunca mueren mientras haya una persona que los defienda, y por suerte, los tuyos, lo míos, los nuestros, siguen vivos y con el puño izquierdo bien alto.

Me tomo la libertad de coger la letra de una canción que un día cantara a tu vera Silvio Rodríguez, por parecerme apropiada. Hasta siempre Comandante.

Cómo gasto papeles recordándote,
cómo me haces hablar en el silencio,
cómo no te me quitas de las ganas
aunque nadie me ve nunca contigo.
Y cómo pasa el tiempo que de pronto son años
sin pasar tú por mí, detenida.

Te doy una canción si abro una puerta
y de las sombras sales tú.
Te doy una canción de madrugada,
cuando más quiero tu luz.
Te doy una canción cuando apareces
el misterio del amor,
y si no lo apareces no me importa:
yo te doy una canción.

Si miro un poco afuera me detengo:
la ciudad se derrumba y yo cantando,
la gente que me odia y que me quiere
no me va a perdonar que me distraiga.
Creen que lo digo todo, que me juego la vida,
porque no te conocen ni te sienten.

Te doy una canción y hago un discurso
sobre mi derecho a hablar.
Te doy una canción con mis dos manos,
con las mismas de matar.
Te doy una canción y digo: “Patria”,
y sigo hablando para ti.
Te doy una canción como un disparo,
como un libro, una palabra, una guerrilla:
como doy el amor.

Saturday, January 12, 2013

Dos no pelean si uno no quiere


Voy a escribir líneas que a nivel racional violan mi mente de una manera a la que no estoy acostumbrado, pero que me veo obligado a padecer ante la cruda realidad que me es impuesta día a día.
¿Recuerdan cuando en el colegio éramos pequeños y nos decían: “dos no pelean si uno no quiere”?
Estaba genial. Seamos sinceros, tanto el que iniciaba la violencia como el que no eran reprendidos por utilizar agresiones en vez de razonamientos y acuerdos para solventar un problema. Era perfecto… cuando éramos niños.

Por desgracia crecemos, y tenemos a nuestro alrededor una fauna (disculpe el término el reino animal) de lo más variada, pero en cualquier caso rellana a la esquizofrenia.
Este hecho, que lo es, nos enfrenta a situaciones en las que uno debe aguantar sin hacer nada, manteniendo una calma fría para no devolver con un golpe abusos de terceros. Y así debe ser, por la paz de la sociedad, por el bien común, por la razón.

Ahora bien, tenemos ejemplos diarios por los cuales podríamos tolerar e incluso alabar que alguien se rebele y pegue el golpe.
Si a aquel vecino de la esquina le están metiendo una paliza con un bate y llega por capricho del destino un cuchillo a sus manos, nadie le recriminará el hecho de que lo utilice en legítima defensa para protegerse. ¿Verdad?

Pues bien, ha llegado un punto en el desarrollo de la sociedad en que se está empujando a buena parte de ella a coger ese cuchillo y utilizarlo en legitima defensa. Y me explico.

Yo salgo de mi casa un día con la intención de sentarme en una plaza para manifestarme porque una panda de desgraciados me han robado alrededor de 120 millones de euros. Como yo, pongamos que han decidido acudir a dicho lugar estelar otras 50.000 personas que no están de acuerdo con eso de que se coja un dinero de todos y se reparta entre los que, supuestamente, deben manejarlo para el bien de todos, es decir, para pagar a los funcionarios sus sueldos, para los medicamentos de las personas, para que los jóvenes puedan estudiar, para que los dependientes tengan cómo vivir con un mínimo de dignidad…

Papá Estado, benévolo donde los haya, ya debería haber encarcelado a todos esos golfos, sin embargo, no lo hace. Pero no sólo eso, sino que los defiende en público y los mantiene. De ahí nuestro cabreo, creo, que legitimo.
Pues bien, según van pasando las horas se dice desde el Estado, es decir, los señores que voto para que me gobiernen, que yo, por quien trabajan, soy un malhechor, una minoría violenta, un pordiosero que cría plantas marihuana y un largo etcétera en la que incluso se me tilda de terrorista. Es por ello, que se va a pedir a unos prohombres muy fuertotes con porras y pistolas con pelotas de goma que me echen de allí a cualquier precio por la seguridad de todos, por el bien común. Con mi dinero estoy pagando que me peguen una paliza sólo por exigir que estos señores que me han quitado 120 millones vayan a la cárcel y devuelvan lo usurpado.

Pero yo, que soy muy pacífico al ver que esas moles armadas y protegidas hasta los dientes se echan sobre mi, decido quedarme quieto, con mi camiseta como protección, sentado, esperando que no pase nada. Pero pasa.
Tengo heridas varias en mi cuerpo. Ahora que yo no me puedo quejar, la mujer de al lado ha perdido un ojo y más allá un chaval de 13 años tiene un brecha en cabeza. La peligrosidad de pedir justicia.

Total, que voy al hospital y resulta que tardan horas en atenderme, pero no porque no haya nadie, si no porque no dan abasto. Me entero allí de que no hay dinero para tener la misma cantidad de servicios de urgencias abiertos, de que hay menos profesionales y menos plantas. Veo también que hay gente a la que no la atienden porque no tienen derecho a la salud, ya que no pertenecen a este país. Pero lo que me indigna, es que al coger el periódico leo que cualquiera que tenga dinero que no haya sido declarado puede devolverse ahora a un porcentaje menor del que pagué yo en su momento.

Cuando por fin llego a casa, me sorprendo de ver a un montón de gente delante del portal de casa mientras los policías los apartan también a mamporrazos, provocando heridos que no han hecho más que gritar. Mi incredulidad crece por momentos y preguntando me entero de que van a echar a mi vecino de su casa porque tiene una deuda con el banco que no puede pagar (¡y a mí que me sonaba que todos tenemos derecho a una vivienda digna!). El caso es que el vecino al que echan, ha perdido sus ahorros del banco porque lo han engañado con las “preferidas” o algo así, entonces reclaman su casa (dejándolo en la calle), y no sólo eso, si no que le pidenn más dinero aún. Increíble, ¿no es cierto?
Pues bien, una vez la policía ha retirado a todos los que bloqueaban la entrada, se introduce en la casa y descubrimos que el querido vecino se ha quitado la vida.

Entro en mi casa intentando asimilar tantas vivencias ocurridas en un día. Reflexiono cuál es la solución.
Por un lado, hay una serie de señores multimillonarios que me dejan sin casa, luego tengo otros peces gordos que no pagan impuestos (que yo sí tengo que pagar teniendo mucho menos dinero), lo que unido a lo que me han robado sus títeres que gobiernan, me obliga a perder cosas tan necesarias como la educación y la sanidad. Si lo denuncio no me hacen caso, y si me manifiesto me abren la cabeza. Llegados a este punto, ¿qué debo hacer? Mueren personas, las encarcelan, las dejan sin casa, sin bienestar… Y yo lo único que puedo hacer para solventar esta situación, es hacer un sacrificio, ir a trabajar, sobrevivir como pueda y recibir los golpe sin defenderme, mientras tanto otros, los que más tienen viven sin preocupaciones.

Ahora es cuando me entran ganas de volar por los aires a aquellos que me agreden de una manera tan sangrante, que me ahogan en un mar de desesperación y ansiedad, que están ejerciendo violencia física y psicológica en mi contra. Y es cuando se me ilumina una bombilla y pienso. “¿Y si esto es la guerra? ¿Acaso no debo defenderme?”

Por suerte, justo a tiempo clarificadora y reparadora, vuelve la voz de mi profesora de primaria, aquella que ya no podrán disfrutar mis hijos que me dice: “Dos no pelean si uno no quiere”. Mañana tengo que madrugar.