Hoy Comandante nos dejas y el cielo lóbrego de esta ciudad llora tu marcha, a él me sumo. Chávez Chávez, Chávez, camarada, y digo bien, camarada.
Llenaste de orgullo a tus compatriotas pero no de eso se alimenta la gente, ni se la alfabetiza, no señor. Se necesita algo más que eso para hacerlo.
Tienes demasiados detractores en este mundo contaminado por la avaricia y la sed de venganza. Demasiado miserable descompuesto de gozo al lanzar titulares en los que te compara con Hitler y con Franco. Pero sin embargo, paréceme que en la frontera de los distintos bandos se puede apreciar una tácita luz que alumbra la realidad de tus actos. El pueblo venezolano seguirá la revolución que empezó hace ya una década.
Pero hoy no quisiera hablar de datos, que te encumbran. Son maleables. Demasiado. Hoy me centraré en las personas, en los millones que te votaron con la felicitación de la oposición, de la tristeza que dejas, del apoyo que te demuestran. Digan lo que digan un pueblo que ya no pasa hambre y que hoy es un poco más sabio que ayer, está contigo y así pasarás a la historia en tu tierra, en nuestra querida Latinoamérica. Serás un héroe por plantar cara a EEUU, y su sistema capitalista, imperialista que siembra muertos allá por donde pasa.
Me despido de ti, Comandante, y aunque duele tu pérdida, no se me escapa que esto sigue, que la vida avanza y que todos somos prescindibles en esta lucha diaria que llevamos en alas de libertad y la dignidad humana. Los ideales nunca mueren mientras haya una persona que los defienda, y por suerte, los tuyos, lo míos, los nuestros, siguen vivos y con el puño izquierdo bien alto.
Me tomo la libertad de coger la letra de una canción que un día cantara a tu vera Silvio Rodríguez, por parecerme apropiada. Hasta siempre Comandante.
Cómo gasto papeles recordándote,
cómo me haces hablar en el silencio,
cómo no te me quitas de las ganas
aunque nadie me ve nunca contigo.
Y cómo pasa el tiempo que de pronto son años
sin pasar tú por mí, detenida.
Te doy una canción si abro una puerta
y de las sombras sales tú.
Te doy una canción de madrugada,
cuando más quiero tu luz.
Te doy una canción cuando apareces
el misterio del amor,
y si no lo apareces no me importa:
yo te doy una canción.
Si miro un poco afuera me detengo:
la ciudad se derrumba y yo cantando,
la gente que me odia y que me quiere
no me va a perdonar que me distraiga.
Creen que lo digo todo, que me juego la vida,
porque no te conocen ni te sienten.
Te doy una canción y hago un discurso
sobre mi derecho a hablar.
Te doy una canción con mis dos manos,
con las mismas de matar.
Te doy una canción y digo: “Patria”,
y sigo hablando para ti.
Te doy una canción como un disparo,
como un libro, una palabra, una guerrilla:
como doy el amor.