Sunday, December 16, 2012

Las cosas que no hacen llorar a Obama

A raíz de la última y lamentable puesta en escena que han tenido las armas en el Estado de Connecticut, en la que han muerto 27 personas (muchas de ellas niños), hemos tenido una reacción poco usual por parte del presidente de los Estados Unidos de América, Obama.
Mientras se encontraba en el típico discurso de condolencias que el presidente tiene que dar en estos casos (porque no, no es un hecho aislado, ni mucho menos), hemos podido observar cómo al presidente se le caían las lágrimas, o al menos eso parecía.


Y ahora, dejando claro que lamento profundamente la muerte de esas personas que no tenían culpa de nada (son víctimas de una ley de locos en cuestión de tenencia de armas), voy a citar algunos de los ejemplos que a Obama no le hacen llorar. Quizás, porque la capacidad de emocionarse por los más desfavorecidos tiene límite hasta para un Premio Nobel de la Paz.

Tenemos el caso de Pakistán en el que el gobierno norteamericano se exacerbó tanto que el propio Pakistán tuvo que prohibir a la OTAN (casa de asesinos) que hicieran más maniobras en las bases que allí utilizaban hasta entonces (EEUU fue forzado a pedir perdón para revocar esta situación).

Están también los casos de Libia, Egipto y Siria, que recuerdan mucho a lo que George Bush hijo hiciera en su momento con Irak con la salvedad de que en este caso EEUU prefirió realizar todo con una mayor opacidad, que no se los señalase a ellos con el dedo. Lo cual, Sarkozy aprovechó para dar un paso al frente en contra de Gadafi (al que por cierto, unos años antes apreciaba por conseguir contratos de trabajo para Francia (minuto 27:38)), y así poder remontar su popularidad de cara a las elecciones (el salvador de la democracia, ya ven).

Pero esto no acaba en el año pasado, no. Recientemente hemos tenido un buena ración de lo que su mejor amigo, el Estado israelí es capaz de hacer en Palestina, más concretamente en Gaza, y que lleva realizando desde hace ya alguna década.

Dos ejemplos más bastante deleznables son el de Guantánamo y el bloqueo a Cuba.

Podríamos hablar de causas más indirectas en las que EEUU participa y que a cualquier persona que tenga un mínimo de conciencia le harían llorar, como por ejemplo la explotación en las fábricas de China o los millones de muertos de hambre a lo largo del mundo por el sistema que ellos sustentan y promueven como democrático.

Pero todo esto al presidente Obama no le hace llorar. Es de un cinismo y una hipocresía tales, que le hacen a uno tener ganas de vomitar. Es lamentable que personas que son responsables y promueven miserias diariamente tengan la desfachatez de ponerse a llorar en público. Sí, con esto me refiero también a la ministra de trabajo italiana que se echaba a llorar al anunciar el recorte de las pensiones (dimite compi, si tanto te afecta, porque sabes que hay otras opciones).

En conclusión, pediría a Obama y al resto de desvergonzados, que antes de dejar pasear sus lágrimas piensen en la cantidad de vidas que han masacrado, las que destrozan día a día y las que romperán sólo para alimentar a una serie de individuos sin escrúpulos a los que la vida humana les importa menos que un par de ceros más en la cuenta corriente.