Todos sabemos que la ley electoral, en
concreto el método de Hondt, ahora mismo es completamente injusto e irracional.
No voy a entrar en los motivos que se tuvieron en su momento para establecerlo
y si era el apropiado o no, pero en cualquier caso, ahora mismo sólo sirve para
dejar claro que nuestra democracia flaquea desde las mismas bases de ésta.
Este post no tiene otro objetivo que
señalar las incongruencias que se pudieron observar en las pasadas elecciones
en Cataluña.
Lo que más llama la atención es que el
PSC con 27.000 votos más que ERC tiene un 1 escaño menos. Cualquier místico
vería en esto algo kármico.
Pere Navarro nos dejó una perla insinuada
en la entrevista posterior a conocer los resultados que le hicieron en TV3:
“…Es cierto que esta vez la ley electoral nos ha perjudicado, pero bueno…”. El
PSOE/PSC, que está dejando de ser uno de los grandes, empieza a sufrir algunas
(pocas) de las consecuencias de este sistema que tan bien montado estaba
(cierto tufo a alternancia política).
Pero sigamos, CiU, que perdió 80.000
votos con respecto al año 2010 bajó 12 escaños, mientras que el P.P ganando un
número similar de votos, subió sólo un escaño.
No es que yo sea afín a ninguno de estos
partidos, pero vaya, imagino que se ve lo que intento explicar.
Aún encontrando este tipo de locuras
entre los partidos mayoritarios, no me voy a olvidar de los más perjudicados
con diferencia, que son los partidos minoritarios.
Un escaño de cada partido valió: CiU
22.246 votos, ERC 23632 votos, PSC 26166 votos, P.P. 24799 votos, ICV-EUiA
27604 votos, C’s 30547 votos, y por último, CUP 42073 votos, nada más y nada
menos.
Es decir, CUP necesitaban casi el doble
de votos que CiU para obtener su primer diputado. Una locura.
Tenemos un método democrático bastante
deficiente, a lo que debemos sumar que sólo se han hecho dos referéndums desde
que en este país hay elecciones y que de las 91 ILP que se han realizado desde
1977 tan sólo 1 ha llegado a ser ratificada por el Congreso de los Diputados.
Que cada uno saque sus propias
conclusiones. La mía se mantiene, nuestra democracia es muy deficiente en el
fondo y en la forma. Y en algún momento, deberíamos decidirnos a pelear por un
sistema más justo, y lo más importante aún, democrático. Es una lástima ver que
la democracia actualmente sólo brilla por su ausencia.